jueves, 5 de noviembre de 2009

S U I C I D I O

Nuria: Podríamos ir a tomar algo alguna vez.
Juan: Tal vez.
Nuria: Sos lindo, ¿sabías?
Juan: Si, quiero decir... no, gracias
X: ¡Nuria, no existís para este hombre!
Y: (risas)
(Juan se ruboriza)
Nuria: No me voy a cansar de esperar.
Juan: Sí... te vas a terminar cansando.
Nuria: Sí, si vos lo decís, me voy a cansar. De hecho, ya estoy cansada... (se va)

Mujer, que no te quiere.
¿Por qué insistís?

X: Qué mujer te estás perdiendo...
Juan: Las vi más lindas, las vi más divertidas... las vi de todo tipo.
Y: No, ésta no sabés cómo es.

No vale la pena intentar,
y si no vale la pena intentar
¿vale la pena vivir?

Juan: No me interesa

No.

X: No es tan linda.
Y: No es muy divertida.
X: Pero es viva.
Y: Buena en la cama.

Mejor, tal vez, morir.

X: Es libre.

Cuando perdés todo es cuando sos realmente libre.

Y: Fuerte.

Rendite, sometete
al filo frío,
a la liertad verdadera.

Juan: Veo, encima, que es mujer de varios...

No te ve,
entonces,
es como si nadie lo hiciera.
Dejá que broten de tus muñecas
rosas rojas y tibias de sangre,
que antes hacían que te ruborizaras al sentirlo.
Hoy hacen que palidezcas,
de alegría,
por ser libre.
En el medio de la nada,
en el medio del mar
que es ahora tu bañera.

X: Si la quisieras, sería tuya y de nadie más.

No sos de nadie
porque no sos.
No sentís angustia
porque no sentís.

Juan: No es linda, punto. Busco otra cosa.

Sos hermosa, hermosa,
en esa cuenca de cerámica blanca,
como tu piel.
¡Qué blanca!
Rios de sangre rojos,
como tus labios.
¡Qué rojos!
Cuánta tranquilidad reina ahora sobre vos.

Juan: No tiene nada especia, tampoco.

Ahora tus ojos son negros,
los más negros,
ahora.
Qué perdidos están,
mirando nada.
Qué mansos y alegres.
Qué maleables.

Y: No sabés de lo que te perdés...

Estás mejor ahora que no estás, ¿verdad?
Ahora que la luna te vino a buscar.
Ahora que comparten la hermosura.
Ahora que comparten el color,
en el medio del mismo negro infinito.

Juan: Tal vez tengan razón.

Hermosa, hermosa,
¿no se sentiría lindo el no regresar,
si sintieras?
¿No serías el ser más lindo,
si fueras?

Juan: Tal vez la llame...

Bendito el filo que cortó la cadena de tus venas.
Bendito porque liberó tu sangre, mujer,
y tu belleza.

Juan: Total, no pierdo nada.

Perdete, en ese cielo negro e infinito.

Juan: Pasame su teléfono.

Belleza eterna, inconcebible a la razón.
¡Hermosa, hermosa!

Juan: Tal vez salga con ella...

Alegría y melancolía,
ahora que sos libre,
para siempre,
bonita.



¿Por qué te ahogaste en el mar, dulzura?
Que el rubor de tus mejillas ya no vuelve al mirarme,
que ya no puedes ser mía.
Que ya no puedes ser de nadie.
Que ya no puedes ser.

Qué blanca, en el medio de tanta oscuridad.
Y tu sangre que como un río enfurecido se llevó tu color,
y el mío.
¡Volvé, que no sos libre!
Sos nada;
y eterna;
e inconcebible.
No mueras,
te quiero.

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