sábado, 31 de octubre de 2009
"Las aventuras desgraciadas de Laurencio, Ciempiés y Romana": Capítulo I
Por Thais A. Gil Ares
Capítulo I: Lentejas en la línea 60
Narrador: Érase una vez en un colectivo,
un joven que él estaba subiendo.
Iba al colegio, cansado y aburrido;
de angustia, estrés y pereza sufriendo.
Laurencio: ¡Gran demonio es la rutina!
Todo es igual, día a día,
se hace tan triste la vida…
Narrador: Laurencio era del chico el nombre
joven en diversión muy pobre.
Dios se apiade, ¡cómo él sufría,
del aburrimiento tiranía!
Pero ¿qué?, ¿qué era eso? ¿qué ocurría,
que tanto alboroto se escuchó?
Inspector, quien boletos pedía.
¿El de Laurencio donde cayó?
Laurencio: ¡Ahora no, Dios! ¿Qué hago?
Si yo sin boleto ando,
creerá que no pago
.
Encima de aburrido,
Desgraciado.
Gran reto recibiré
Por parte de este ciempiés…
¿CIEMPIÉS?
¿Qué es lo que mis ojos ven?
Narrador: Dos posibilidades había
o era Laurencio que enloquecía
o el mundo no era lo que él creía
Laurencio: Por más que los ojos me refriego
sigo teniendo esta visión extraña:
de inspector está una alimaña,
pero yo, a creerlo me niego.
Y lo que es aún más grave,
es que sigo sin boleto.
Si este bicho se acercase
sabría que no lo tengo.
¿Cómo reaccionará este bicho,
por mí nunca antes visto?
Tal vez me coma,
tal vez es broma…
Narrador: Y llegó el insecto.
Laurencio,
ojos bien abiertos.
Ciempiés: Su boleto por favor, señor.
Laurencio: ¡Qué joven desgraciado!
Por esta falta
no he de ser perdonado
Ciempiés: ¿Qué es lo que sucede, señor?
Laurencio: Para serle sincero,
mi boleto he perdido.
Está, ya que no lo tengo,
en lugar desconocido.
Ciempiés: ¡Oh, qué lástima señor!
¿No será sobre el piso
que el boleto se quedó?
Por favor, fijesé, señor.
Narrador: ¡Eso sí que es una buena idea!
¿Por qué no se le ocurrió mirar antes?
Es que aunque creerlo no pudiera,
el suelo estaba lleno de guisantes.
Laurencio: Disculpe un momento,
es que está diferente el suelo.
Entre tantos guisantes
será difícil encontrarle.
Narrador: Es que Laurencio no entiende
qué pasó con la línea sesenta.
¿Desde cuando del suelo se come
guiso o caldo con lentejas?
Ciempiés: ¿Puedo hacer una acotación
fuera de lugar, mi señor?
Es muy linda su hermana,
y triste es su vivencia.
Pobre, la desgraciada
Laurencio: ¿Qué pasa con mi hermana?
Vos sos un bicho largo,
en demasía alto.
Mi hermana es pequeñita,
en demasía chiquita.
Ciempiés: Oh, no se preocupe,
que yo no la pretendo.
No soy tan valiente
de enfrentar a Rosendo
Narrador: Aunque Laurencio estaba muy atento
para encontrar pronto su boleto,
detuvo su larga tarea
para saber quién Rosendo era
Laurencio: ¿Puedo hacer ahora yo una acotación?
¿Por qué es desgraciada mi insoportable hermana?
¿Es buena la ocasión
para saber quién es el Rosendo del que habla?
Ciempiés: Buena
la ocasión no es.
¡Qué pena!
Pero bajar podés.
Yo bajaré contigo.
Bajo del colectivo
yo te digo, hijo mío,
todo lo que he sabido
Laurencio: Yo te sigo,
nuevo amigo.
Narrador: Entonces los dos bajaron
del colectivo sesenta.
En un banco se sentaron
para tener charla seria.
Laurencio: Dime Ciempiés,
todo lo que a mi hermana atañe.
Mientras, de mis pies
quito todos estos guisantes
Ciempiés: La que es tu hermana,
su nombre desconozco,
fue secuestrada
por un príncipe muy osco,
que a la muchacha
sedujo con tesoros.
Laurencio: ¡Qué hermana tonta!
Que se llama Romana, por cierto.
Siempre fue loca
por los libros de amor y misterio.
Ciempiés: Pues ahora vive con Rosendo,
príncipe demasiado machista.
La chica, su niñez consumiendo,
limpiando y limpiando la vajilla
Laurencio: Y digamé, mi hermana…
¿con él está casada?
Ciempiés: Sí, señor, ¡gran desgracia!
Laurencio: Lo soluciono
de modo obvio:
¡pido el divorcio!
Ciempiés: No es tan fácil, mi señor.
El príncipe traidor…
en este país rigen sus leyes.
Ni el más, más valiente las trasgrede.
Laurencio: ¡Qué chica obtusa!
Por no decir que es gran burra.
¿Y ahora qué hago,
con este hecho desgraciado?
Ciempiés: ¡Oh, desgraciado, desgracia,
desgraciando, desgraciada!
¡Cuántas veces hasta ahora
se repitió esta palabra!
Laurencio: Tendré que rescatar
a esta mujer audaz.
¿Qué puedo yo hacer,
amigo Ciempiés?
Ciempiés: Creativo… no soy.
Acostumbrado a aventuras,
menos si son tan, tan duras…
yo sí que no estoy.
Laurencio: Similares nuestras vidas son.
Por lo menos lo eran, hasta hoy…
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario