jueves, 6 de agosto de 2009

Lluvia de chupetines II

Un día, Thais se levantó y se dio cuenta de que se había olvidado de hacer una composición para inglés. Como estaba muy vaga y no tenía ganas de hacerla, le pidió a su amigo Matías que le ayudara. Él no quiso al principio, pero aceptó cuando Thais le ofreció cinco chupetines.
Otro día, fue Matías el que se olvidó de hacer su tarea. Recordando el negocio que hizo con su gran amiga Thais, decidió ofrecerle a Florencia dos chupetines a cambio de que le complete dos páginas del libro de psicología.
Lo mismo hizo Florencia con Martina, y Martina con Guido, y Guido con Thais nuevamente, siempre con un precio razonable al trabajo. Poco a poco esta práctica se fue extendiendo a otros cursos del mismo colegio. Aquellos que comerciaban de esta forma contaban la buena experiencia a otros amigos, que también la implementaban en otras instituciones.
Y gracias a los medios de comunicación modernos, la noticia acerca del comercio escolar de chupetines se fue extendiendo por toda la provincia, luego el país, y, finalmente, el Mundo. Las fábricas de chupetines crecieron enormemente, y ayudaron a crecer a la industria de golosinas, y también la encargada de fabricar los palitos.
Pero, a su vez, el número de obesos aumentó enormemente, a lo que los doctores y defensores de la vida sana se rebelaron, llevando un proyecto al congreso para prohibir la venta de chupetines y todo tipo de golosinas. También fomentaron que en vez de inrtercambiarse dulces, los adolescentes comenzaran a comerciar con sanas frutas. Obviamente, los chicos no hicieron caso y los chupetines, ahora ilegales, se convirtieron en un mito, un nuevo vicio en la sociedad. Juntarse a comer un chupetín era igual a fumar un cigarrillo o consumir sustancias en el pasado.
Los grandes estudiosos notaron que, el que se hubieran reemplazado los antiguos vicios por el inocente consumo de chupetines era un hecho positivo, pero sabiendo que si volvían a hacer legales los dulces los adolescentes perderían su interés en ellos, decidieron guardar silencio, y hacer lo menos posible para combatir el tráfico de chupetines.
Así es como un pequeño grupo de jóvenes, sin darse cuenta, libró a las sociedades del mundo entero de las tragedias provocadas por el tabaco y el consumo indiscriminado de drogas.

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