lunes, 11 de octubre de 2010

Santa Thaïs de Alejandría

Pasé horas de la tarde leyendo acerca de Santa Thaïs, yendo de vínculo en vínculo a través de wikipedia y enciclopedias católicas con biografías de santos. Es una historia poco conocida, de veracidad dudosa y además, son dos las mujeres con tal nombre en la historia antigua. Ambas cortesanas, ambas bellas, ambas poderosas. 
Por un lado está la mujer de Ptolomeo I, aquella que, dicen, tentó a Alejandro Magno de quemar Persépolis, en venganza por otra ciudad que había corrido la misma suerte, cuyo nombre no recuerdo y no voy a buscar ahora para conservar la frescura de esta narración (la cual hago por ningún otro motivo más allá de que tengo ganas de escribir algo). Ésta era una hetaira, una mezcla de mujeres de compañía y prostitutas, pero respetadas inusualmente por los hombres. Se sabe que en la Grecia antigua las mujeres no recibían educación ni eran demasiado valoradas, más allá de ser el instrumento para traer hijos legítimos al mundo. No era el caso de las hetairas, quienes sí eran educadas. Hasta tenían voz en los simposios (palabra nueva), y sus opiniones eran muy respetadas por los hombres. Bueno, esta mujer, según los rumores, andaba en algo con Alejandro Magno, pero terminó siendo reina de Egipto de la mano del ya mencionado Ptolomeo I.
Pero más me interesa la otra Thaïs, "la puta que se convirtió en santa", por más que su historia esté más cerca de ser una leyenda que otra cosa, lamentablemente. Dicen que era la mujer más linda del mundo, además de tener mucho talento para la danza y la música. Era una cortesana egipcia, y muchos hombres derrocharon sus fortunas hasta la miseria con tal de poder acostarse con ella. Y ella obviamente aprovechaba, y acumulaba joyas y otras "lujosidades" (?). Hasta que un día llegó un tal San Pafnuncio (aunque todavía no era santo, claro), que algo tenía que ver seguramente con los Padres del Desierto, y la había conocido a Thaïs anteriormente, y disfrazado ofreció dinero a ella para estar con ella. Le pidió que fueran a una habitación segura donde nadie los viera, y allí fueron. Pero Pafnuncio se mostraba insatisfecho, entonces ella dijo "Hay una habitación más secreta, cuya existencia conozco sólo yo y Dios". Y el sacerdote respondió "Ah, entonces sabés que Dios existe..." y después, se ve que dijo cosas muy crueles al estilo "¿Entonces por qué pecás? ¿No sabés que Él castiga, y te puede mandar al infierno?", porque Thaïs terminó quemando toda su fortuna, y abandonó su Alejandría para seguir a Pafnuncio a través del desierto, y dedicarle su vida nueva al Señor. Él la llevó a un convento, y según palabras de una tal Roswita, le dijo a la abadesa que mandaba allí, ésto:  
"Te he traído una pequeña cabra medio muerta, recientemente arrancada de los dientes de los lobos. Confío en que por tu compasión se le asegure un refugio, y que por tu cuidado, [ella] sea curada, y que habiendo arrojado a un lado la áspera piel de una cabra ella será vestida con la suave lana del cordero."
Entonces Thaïs fue confinada a una especie de celda, para hacer penitencia, durante tres años. Y el final "verdadero" de la historia es otro, pero estoy caprichosa y les voy a contar otros dos, que me parecen más lindos. El que yo creía cierto cuando era chiquita es que Pafnuncio, que andaba por otros lares, tuvo una visión en la que se le comunicaba que Thaïs ya había sido salvada, entonces volvió al convento y allí se encontró con que Thaïs ya había muerto. Éste es muy parecido al final "real", difiere sólo en un pequeño detalle que voy a omitir. Luego, está el final que quedó escrito en la novela de Anatole France, quien era un ateo empedernido, por lo tanto rechaza por competo el sentimiento religioso, pero enaltece lo humano de una manera muy bonita. Y así, los invito a que lean de primera mano este fragmento de su obra que no tiene ningún desperdicio, el cual ya había subido en una ocasión anterior.


Pafnuncio la llamó:
-¡Thaïs!
Ésta abrió los parpados y dirigió hacia la voz los globos blancos de sus ojos.
[…]
-¡Thaïs!-repitió el monje.
Thaïs levantó la cabeza; ligero hálito brotó de sus pálidos labios:
-¿Eres tu, padre? ¿Te acuerdas del agua de la fuente y de los dátiles que cogimos? Aquel día, padre, nací para el amor y la vida.
Callóse y dejó caer la cabeza.
La muerte se cernía sobre ella y el sudor de la agonía le coronaba la frente. Rompiendo el augusto silencio, alzó la quejumbrosa voz una tórtola. Después, los sollozos del monje se mezclaron con la salmodia de las vírgenes.
-Lava mis manchas y purifica mis pecados. Porque conozco mi injusticia y mi crimen se alza ante mí sin cesar.
De pronto Thaïs se irguió en el lecho. Sus ojos de violeta se abrieron extraordinariamente, y con la mirada arrebatada, tendidos los brazos hacia las lejanas colinas, dijo con límpida y fresca voz:
-¡Veo las rosas de la mañana eterna!
Brillaban sus ojos; leve ardor coloreaba sus sienes. Revivía más suave y más hermosa que nunca. Pafnuncio, arrodillado, la rodeó con sus negros brazos.
-¡No mueras!-gritaba con extraña voz, que ni él mismo conocía-. ¡Te amo! ¡No mueras! Oye, Thaïs mía, te he engañado; he sido un miserable loco. Ni Dios ni el cielo son nada. Nada es verdad mas que la vida de la tierra y el amor de los seres. ¡Te amo! ¡No mueras! Es imposible. Eres harto preciosa. Ven; ven conmigo y huyamos. Te llevaré en mis brazos muy lejos. Ven; amémonos. Óyeme, amada mía, y di: “Viviré, quiero vivir.” ¡Thaïs, Thaïs, levántate!
Y Thaïs no le oía. Sus pupilas flotaban en lo infinito, y murmuró:
-Se abre el cielo. Veo a los ángeles, a los profetas y a los santos. El buen Teodoro con las manos llenas de flores, está entre ellos. Me sonríe y me llama… dos serafines se me acercan. Ya están aquí… ¡Qué hermosos son!... Veo a Dios.
Exhaló un suspiro de alegría y su cabeza se desplomó inerte sobre la almohada. Thaïs había muerto. Pafnuncio la abrazaba desesperadamente, devorado por el deseo, la rabia y el amor.
Espero que sepan valorar la historia (si es que alguien la lee), más allá de sus creencias religiosas. De hecho, yo creo que no creo... más bien, creo que soy agnóstica (estoy, bah, estoy agnóstica, quién sabe cómo estaré mañana). Pero esta esta historia me recuerda que en el caso de que Dios llegara a existir, debe ser realmente un Dios bueno, que se fije en las intenciones y no en los resultados, que perdone con una facilidad única (por algo es Dios) y se olvide de nuestros pasados turbios, siempre y cuando nos dispongamos a cambiar. Y además, tiene que ser uno que no le preocupe si creemos o no en él, porque sino, no vale. Y así me despido, esperando que algún día llegue algún Pafnuncio a convertirme.
Con amor,
Thais.



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