domingo, 25 de julio de 2010
Los rulos de Segismundo
Segismundo tiene los rulos más lindos del mundo. Bueno, saben ustedes como es la cosa cuando uno está enamorado, te parece que esa es la persona más linda de todas. Probablemente no esté en lo cierto al decir que es el más hermoso entre los hombres… mejor dicho, es obvio que estoy equivocada. Está muy lejos de encuadrar en el molde. Pero estoy tan enceguecida por su culpa. Su barriga sobresaliente no me hace pensar que está gordo sino que es simpático. Su nariz grande no lo afea, sino que me hace pensar que debe tener más talento que nadie para apreciar los aromas. Sus ojos negros no son mediocres sino que son un puente directo a lo más profundo de su corazón. La edad no lo avejenta, lo hace cada vez más sabio. Su voz no lo ridiculiza, lo convierte en la persona más interesante del planeta. Y sus rulos… ¡ah! sus rulos enmarañados… los veo y me invade ese contradictorio placer de sentirme enredada eternamente entre ellos. Porque…. hay tantas cosas que nos separan. Su edad, su seriedad, su madurez, su mujer. Pero si estuviera irremediablemente atada a su cabeza, sé que tarde o temprano terminaría amándome, o al menos teniendo cierto afecto por mí. Me aceptaría, me conocería, se enteraría de la mujer que se esconde detrás de mi silencio, más allá de mi cara agresiva y mi cuerpo castigado. Me consideraría más que una chica cuyos talentos la abandonaron. Ya que todo esto es imposible, me conformo con su sonrisa. Su mujer me cae bien y no le tengo envidia, porque sé que él la ama y lo hace feliz. Le estoy por ello profundamente agradecida, aunque no lo sepa. Ni siquiera se imagina cuánto la valoro. Y a él amo tanto que con que sepa que existo ya estoy satisfecha, y no pido nada más de él. No le confieso lo que siento, porque sé que le amargaría la vida saberlo, le causaría problemas. Y a mí me gusta tal como es. Díganme, si esto no es amor, ¿qué lo es?
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