domingo, 28 de febrero de 2010

Dioses

"Soy asexual" le gusta decir, pero más le agradaría serlo realmente. Sentía que si lo fuera, se quitaría una tremenda carga de encima. Una pasión dolorosa. De hecho, se esforzaba por desacelerar su pulso y evitar cualquier clasede sentimiento romántico al toparse con una figura masculina interesante, pero nunca lo logró. No había nada que pudiera hacer, porque amaba a los hombres y adoraba su belleza. Los más hermosos, pero también los más amables o simpáticos, le robaban el sueño, y eran la escapatoria perfecta a las sombras más negras de la existencia. Su asexualidad era una gran mentira que ella sostenía con el propósito de ocultar su adoración casi religiosa hacia el sexo masculino. Se apoderaba de ella una obsesión tan enfermiza que aquellos a los que adoraba se tranformaban en seres sagrados, divinos, sobrenaturales y, por ende, incorruptibles. Su falsa asexualidad era la excusa perfecta para ocultar que había encontrado la verdadera religión del amor.

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